Con el Principito y Antoine de Saint-Exupéry en el Castillo San Carlos – Concordia, Entre Ríos, Argentina.

Por Carlos Martian

Con el Principito y  Antoine de Saint-Exupéry en el Castillo San Carlos – Concordia, Entre Ríos, Argentina.

El sol sigue su rumbo hacia el oeste.Gira armoniosamente la cuchara de café, como si fuera un planeta, un mundo, un asteroide. Así desconocidos astros giran, astros que señalan un tiempo, una hora, un minuto, un segundo. La finitud. La eternidad. El todo. La nada. El pasado y el hoy.
Sin embargo, ya estoy aquí. Dejando huellas sobre este esperanzador parque. Parque, selva, fábula, oasis. Se multiplican los senderos y el sonido de las aves. Asciendo una lomada, desciendo. Busco hacia el infinito. Traspongo otra lomada. Me detengo. Contemplo girar en el viento las nubes algodonosas de las ceibas, que se dirigen como sedas  hacia la primer imágen que insinúa el Castillo de Saint Exupéry.

Comenzaré a contarles.

Sobre el Parque San Carlos en Concordia, Entre Rios

Ocupa 70 hectáreas de lomadas verde esmeralda y selva en galería; al noreste de la ciudad, a la vera del río Uruguay, en el paraje Salto Chico. Forma parte del Acuífero Guaraní se extiende por debajo de la superficie de parte de la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, siendo la tercera reserva mundial más grande de agua dulce en el planeta.

Sobre el Castillo San Carlos

En el año 1886, llega a la Villa de la Concordia, un noble Francés, acompañado por una bella italiana y actriz, el Conde Eduardo De Machy, hijo del banquero Carlos De Machy. Luego de montar una  fábrica de conservas y por divergencias con las autoridades con respecto a los desperdicios de su fábrica, el Conde busca un paraje al que llamó San Carlos, donde en el año 1888 hizo construir el Palacio que le serviría de alojamiento, empleando materiales de la región. Se construyó en uno de los puntos más altos de la zona. Al unísono levantaba una nueva fábrica de conservas, como así también una de hielo (la primera en la Argentina), y desarrolló un saladero. Poseía un taller de herrería artística, donde se modelaron/construyeron los elementos de hierro y enrejado traídos de Europa, y  que aún se conservan. El Palacio poseía instalaciones y comodidades ignoradas  para la zona: 27 habitaciones, calefacción central por medio de tres hogares de mármol, sistema de iluminación a gas, sistema de agua corriente, tapices, arañas de cristal, sanitarios móviles, pisos en damero de mármol traído de Italia, una escultura de Diana Cazadora de 1,60mts de alto,  y más.

Como íconos o singularidades del Palacio se destacan las iniciales de su propietario y la fecha de construcción que se leen en el portón de acceso al patio posterior. La entrada principal da justo frente al río Uruguay. Desde allí llegarían visitantes de Europa con sus embarcaciones, siendo recibidos por De Machy.
Cuenta con dos plantas y un subsuelo, siendo la parte superior la que ocupara la familia como vivienda y la inferior sobre la derecha estaba destinada a las habitaciones de servicio. Sobre la izquierda está ubicada la biblioteca y la sala de conferencia. El ingreso posterior presenta un puente, y debajo del mismo se hallaban las caballerizas y el taller de herrería artística. En el subsuelo está la caldera, y en el mismo lugar se observa la entrada a los túneles de salida de emergencia hacia la costa del Río Uruguay.

Misteriosamente, sucede la partida del matrimonio De Machy propietario, apenas tres años después de su establecimiento en la mansión, llevándose sus vestimentas y dejando allí lo mucho de valor que existía. Se tejieron muchas y diferentes hipótesis respecto a su partida.
Cuatro décadas después, el Castillo de San Carlos fue ocupado por una familia francesa de trato educado y  fino y de gustos peculiares: los Fuchs Valon.

La casona luego de quedar abandonada, y por varios años  saqueada, perdiendo casi todo lo de valor que contenía. Las depredaciones se sucedieron, el tiempo y la erosión sumaron su desgarro, y el espléndido castillo al estilo Luis XV -con sus dos plantas, sus jardines y sus estatuas-, transitó por una gran agonía que culminaría con el incendio de 1938 y su reducción a ruinas. Luego el imaginario popular dio origen a la leyenda de supuestos fantasmas del castillo.
Para bien de todos  a fines de 1990 se inició un  proceso de reconstrucción, y puesta en valor de sus ruinas. Gracias a ello actualmente se puede disfrutar de los resabios de una historia cultural apasionante.
 Sobre Antoine de Saint Exupery el escritor del “Principito” en el Castillo San Carlos
El escritor y piloto francés había llegado a Buenos Aires el 12 de octubre de 1929. Venía a tomar la dirección de la aeroposta Argentina, filial de la Cie. Aéropostale Latécoére.
Era la mañana del 27 de octubre. Una avioneta vuela sobre el río Uruguay. Saint-Exupéry realiza un vuelo de inspección. El objetivo, hallar un punto adecuado para ubicar un campo de aterrizaje alternativo al de Monte Caseros (Corrientes). Cuchillas y lomadas verdes desde lo alto, el poeta ve un Oasis, así es como denominará  a este  punto de la Argentina, años más tarde, en el capítulo V de su libro: Tierra de Hombres. En principio habría puesto como título del capítulo  “Las princesitas argentinas”, inspirándose en las dos hijas de la familia francesa que lo hospedará. Es decir que la idea del niño principito ya rondaba en el aire.
Encuentra un área llana y decide aterrizar. Durante la maniobra, una de las ruedas de su avioneta se atasca en una cueva de vizcachas. Mientras el hombre intenta alguna solución, ve acercarse a dos niñas. Venían a caballo. Eran Edda y Sussane Fuchs, quienes vivían con sus padres, en una casona antigua, en medio del campo sembrado con palmeras, pinos, palos borrachos, magnolias, etc. Qué tonto , dijeron en francés. No vio la cueva. Tamaña ingenuidad -creer que desde el aire alguien pueda avistar un pequeño hoyo en medio del campo- provocó ternura en el piloto.
Ellas se sorprendieron cuando les habló en francés. Lo condujeron hasta la casona, el Castillo San Carlos. Sus padres le dieron hospedaje. "Se aspiraba como incienso ese olor de vieja biblioteca, que vale por todos los perfumes del mundo", diría A.S.Exupéry.
Este  aterrizaje y súbita aparición, que parece propia de los cuentos, era común en la vida de Antoine de Saint-Exupéry quien solía alojarse en lugares desconocidos para explorar sus territorios.
Saint Exupery era un hombre alto, robusto, nariz corta y respingada, de niño sus compañeros lo llamaban Pincha luna, ojos saltones, y un mirar semidormido. Apasionado del cielo, los vuelos nocturnos,  y el desierto, cuando no volaba, escribía.
Saint-Exupéry habría  referido en varias ocasiones que la experiencia de convivir unos días con la familia Fuchs en el castillo concordiense lo marcó para siempre. Descubre en las niñas  a dos princesitas que lo contagiaron con su corazón infantil, le enseñaron a valorar cosas que hasta ese momento, no había percibido. El piloto volvería varias veces a ese lugar, al encuentro de esa familia amiga que “vivían en un castillo de leyenda
Los Fuchs amaban los animales tenían un mono, abejas, mangosta, iguana, un hurón, víboras, zorros domesticados. Madame Fuchs, madre de las niñas, tocaba el piano, y había plantado rosales que rodeaban todo el castillo.
Algunos dicen que la rosa que habita en el Principito esta referida a su esposa Consuelo. Otros la asocian con las rosas que circundaban el Castillo.
Las coincidencias o similitudes entre lo que vivió Saint Exupéry en Concordia y lo que narró en El Principito son muchas: el accidente, el avión roto, la desolación del desierto -o del monte, en el caso de Concordia- y la inesperada aparición, en medio de la nada, de una voz  infantil, el palo borracho que podrían ser los bao-ba, y el zorro quizás influencia de la relación mágica y cercana de las niñas con tales animales. Según E. Fuchs la escena de las serpientes pasó en el castillo, ya que las niñas durante la cena, y al crujir el piso de madera, le habían hecho una broma a Exupéry, diciéndole que eran las serpientes que ellas tenían.
Hoy puede contemplarse a metros del Castillo un monumento a su obra  más difundida, ya que es el segundo libro más traducido, luego de la Biblia, en el cual la artista entrerriana Amanda Mayor dejó reflejado al Principito sobre el asteroide.

Sobre el Recuerdo del poeta  A. S. Exupéry
Nacido en Lyon, 29 de juniode 1900-isla de Riou-
En una época no podía ahorrar, tenía dificultades financieras, En París vivió en bohardillas, luego se alojo en el hotel Louisiane en el barrio Saint Germain. Los hoteles fueron su eterno alojamiento provisorio por muchos años.
Era casi un nómada., y cambiaba de hoteles y casas constantemente. Nunca tuvo una casa propia ni una Biblioteca, solo los pocos libros que le interesaban.
Una hélice decorará todos las ediciones sus libros publicados por editorial Gallimard.
Iba siempre con su cámara fotográfica. Le encantaba tomar fotos durante sus viajes, y de los diferentes animales.
Según Edda Fuchs, ”Exupéry no era un piloto comercial, era un poeta…”
A los 15 años descubre a Dostoieski, leerá a Balzac, venerará a Baudelaire, recordará de memoria a Mallarmé.
Sus compañeros comentarán sobre su poema: ”Los peregrinos de la verdad”
Fue practicante de violín. Caminante de las calles de París, hará un alto en café Le Flore, o en la cervecería Lipp.
Respecto a la vida, dirá: ”las personas mundanas no me enseñaron nada”. Solía jugar a las cartas y entretener haciendo trucos con ellas.
Sobre la Alemania nazi dirá conduce ”una política de matón”.
Ya de grande, se divertía como un niño, lanzando helicópteros de papel por la ventana de su departamento.
En abril de 1944 viaja sin permiso a Nápoles, lee a Kafka, contempla el Vesubio en erupción,

Sobre el Final
El 31 de julio de 1944, parte en misión, y su máquina, un Lightning P38 es abatido por un avión de combate alemán, a la altura de Marsella.
Pasaron 53 años sin saber nada de su desaparición hasta que apareció una pulsera suya. La pulsera fue encontrada por un pescador el pescador Jean Claude Bianco, de 54 años, quien trabajaba con redes barrederas, y la pescó. Era genuina y perteneció a A. S. E. llevaba grabado el nombre de Consuelo, su esposa, y de su editor.

Epílogo
El recorrido ha sido largo. Ya de regreso, camino por el centro de Concordia. Miro el frente del mítico hotel Colón. Alzo mis ojos hacia uno de los balcones que está frente a la plaza. Veo asomarse la silueta meditabunda de  Saint Exupéry, exhalando una bocanada de humo de sus cigarrillos rubios Comander, contemplando silenciosamente la Cruz del Sur.

Sí, ha quedado  atrás el Castillo con todas sus historias. Puedo asegurar que no existen fantasmas, ni rumores dolientes. Si existen luciérnagas, luciérnagas si. Me han comentado que su misión es dar a luz nuevos sueños que parten hacia el corazón de los hombres.

Pero claro no se ven. Recuerden. ”Lo esencial es invisible a los ojos”.

C.M.
  
Obra de A. S. Exupéry
1926: El aviador
1928: Correo del Sur
1931: Vuelo nocturno
1939: Tierra de hombres
1942: Piloto de Guerra
1943: El Principito
1944: Carta a un Rehén
1948: Ciudadela
1953: Notas de Juventud
1953: Cuadernos
1955: Cartas a su madre
1982: Escritos de Guerra
2007: Manón, bailarina.
2008: Cartas a lo desconocido

 Fuentes
 *Turismoentrerios. Portal turístico provincial.
 *El Principito en Argentina por: Marilyn Botheatoz
 *El Castillo  San Carlos: www.visitingargentina.com
 *Concordia cautiva con El Principito, domingo 24 de agosto de  2003, La Nación
 Turismo,  Soledad Pita Romero.
*De texto del Prof. Héctor Fabián Rivero, publicado por la Municipalidad de Concordia.
*Concordia: San Carlos, el castillo que encantó a Saint Exupery – “El Principito”-https://paolamoreira.wordpress.com
*Biografía Antoine de Saint-Exupéry escritor de El Principito, J.L. Barbería, elpais.com › Cultur  París 29/10/98.
*Oasis-S.Exupéry en Concordia, de Danilo Lavigne, 1994, Concordia Argentina.
*A.S. exupéry, de Virgil Tanase, edit. El Ateneo.

















































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